

Soy Marta, terapeuta sexual especializada en sexualidad femenina, y quiero abrir contigo un espacio donde descubrir todo lo que no te han contado sobre tu mapa de placer.
Si anhelas una sexualidad plena, expansiva y mágica pero no sabes cómo llegar a ella, aquí empieza el camino. Yo también estuve bloqueada, sin llegar al orgasmo acompañada, y hoy vivo experiencias expansivas y elevadas de placer. Y sé que tú también puedes.
En este artículo te traigo uno de los temas que más me apasionan y que es la pieza núcleo de todo mi método: orgasmo de cérvix.
Porque contrariamente a lo que la mayoría cree, el clítoris no es tu único órgano de placer. El cervix —el cuello del útero— también tiene capacidad orgásmica. Te invito a adentrarte en las profundidades de tu vagina para descubrir esto que nadie nos cuenta.
Probablemente, si te suena la palabra “cervix”, sea por una citología, un parto, el virus del papiloma humano o algún “problemita” ginecológico.
Hemos aprendido a asociarlo a la salud y a lo médico, pero casi nunca al placer. Sin embargo, tu cervix es muchísimo más que una zona que se revisa en la consulta: es una brújula, una guía, un centro de poder y placer.
Venimos de siglos de sexualidad femenina reprimida, castigada, maltratada. La sexualidad de la mujer ha sido silenciada, patologizada, controlada, y aunque las cosas están cambiando, aún arrastramos ese peso.
Durante mucho tiempo se nos ha preguntado, directa o indirectamente: “¿eres clitoral o vaginal?”.
Se hablaba de mujeres “clitoriales” y mujeres “vaginales”, y parecía que las que tenían orgasmos con la penetración eran más “poderosas” o “completas”.
Esto ha generado muchísimo dolor y frustración: mujeres convencidas de que algo iba mal en ellas porque no tenían orgasmos durante la penetración, o porque “si no me estimulan el clítoris, no hay orgasmo”.
Después vino la otra ola: “todos los orgasmos vienen del clítoris”.

Se empezó a explicar que la penetración podía estimular internamente el clítoris, que lo que se llamaba orgasmo vaginal era en realidad un orgasmo clitoriano interno, y que, al final, toda la vía del placer pasaba por el clítoris.
Y otra vez nos quedamos cortas.
Yo, que soy muy crítica, dudo bastante de ciertos datos convertidos en dogmas. Ese número mágico de las 8000 terminaciones nerviosas del clítoris, por ejemplo, salió de un contexto médico profundamente masculino.
Me cuesta imaginar a un grupo de hombres contando una a una esas terminaciones.
Puede que me equivoque, pero al final la pregunta es: ¿realmente importa el número, o importa más que el placer femenino sigue sin contarse en toda su amplitud?
Porque lo que casi nunca se dice es que, más allá de la parte interna del clítoris y de la famosa zona G, hay un órgano interno, el cervix, que también tiene capacidad orgásmica.
Distintas investigaciones, como las del doctor Barry Komisaruk, han mostrado algo muy interesante: el clítoris conecta con el cerebro a través de un solo nervio, el nervio pudendo, que es superficial y cercano a la piel. Por eso suele ser más accesible y rápido de estimular.
En cambio, el cervix conecta con el cerebro a través de tres nervios: el hipogástrico, el pélvico y el vago. El nervio vago merece una mención especial: es el nervio más largo del cuerpo, va desde el sacro hasta la garganta y conecta con la glándula pineal. Es un gran protagonista en estados meditativos, trascendentales y de conciencia elevada.
Cuando el cervix se estimula de manera adecuada, se activan en el cerebro áreas relacionadas con la identidad (“quién soy”), con la iniciativa para crear la vida que realmente deseas y con esos estados de conciencia más expansivos.
Por eso los orgasmos de cervix suelen vivirse como algo mágico, místico, profundamente transformador. No tienen nada que ver con la descarga rápida de unos segundos de un orgasmo puramente clitoriano, aunque este también tenga su lugar y su función. Es otro tipo de puerta, otro canal.
Aquí suele aparecer una frase que escucho muchísimo: “yo en la vagina no siento nada”.
Y es importante decirlo claramente: no es normal no sentir nada. Es habitual, sí, pero no es lo natural.
Dolor en la vagina o en el cervix, irritación, acidez, pinchazos al fondo durante la penetración o insensibilidad total no son el estado de base del cuerpo; muchas veces son señales de trauma, de memoria corporal, de protección.
Desde niñas, según el entorno en el que hemos crecido, las palabras que hemos recibido, el nivel de conflicto o violencia en casa, nuestro cuerpo se va adaptando.
Cuando sentimos más dolor del que podíamos sostener en ese momento —emocional o físico—, la mente y el cuerpo hacen lo único que pueden para garantizar nuestra supervivencia: se desconectan. Dejan de sentir tanto. Es un mecanismo de protección.
Eso que un día te salvó, de adulta puede convertirse en una cárcel: al desconectarte del dolor también te desconectas del placer. Y entonces sostener la insensibilidad se vuelve durísimo.
Muchas mujeres se convencen de que “ahí dentro no hay nada que sentir”, que lo interno no es para ellas, que lo de los orgasmos profundos es un cuento ajeno. Y no es verdad.
El tejido de la vagina es extremadamente sensible. Igual que se te cargan las cervicales cuando estás tensa o se te revuelve el estómago con el estrés, la vagina también recoge y guarda memorias. En ella habita lo que no pudimos procesar.

En reflexología sexual se dice que el cervix está conectado con el corazón. Por eso, trabajar con el cervix no es solo un tema de técnica o de posturas, sino un proceso de sanación profundo.
Implica conectar con tu infancia, con tus heridas, con esas emociones que se guardaron por falta de recursos. Implica conversaciones incómodas contigo misma, quitar capas de bloqueo y de coraza, aprender a sostener tu vulnerabilidad y a mostrar tu esencia genuina.
Por eso, más allá de los orgasmos, este camino se siente como un regreso a casa. Un viaje hacia un lugar muy profundo de ti, literal —el interior de tu vagina— y simbólico. Vas volviendo a tu autenticidad, a tu magia, a tu verdad.
Yo siento honestamente que todas las mujeres deberían vivir este proceso al menos una vez en su vida, porque marca un antes y un después. Te cambia la forma de relacionarte contigo, con tu cuerpo, con tu placer y con la vida entera.
Localizar el cérvix es un primer paso muy sencillo y, a la vez, simbólico. Él se mueve dependiendo de la fase del ciclo y de la posición de tu útero. Unos días antes de la menstruación suele estar más bajito y más duro, con una textura parecida a la punta de la nariz, lo que facilita encontrarlo.
Puedes explorarlo en cuclillas, en squat o tumbada con las piernas recogidas hacia el pecho, acortando la distancia con el fondo de la vagina. Hay vaginas más profundas y más cortas, y todo está bien. Si tardas en localizarlo, no pasa nada: también forma parte del proceso aprender a estar ahí sin exigencia.

Aquí viene una de las cosas más importantes: el orgasmo de cervix no funciona a base de frotar.
No es como el clítoris, que puedes estimular de forma directa y llegar a un orgasmo de descarga.
El cérvix requiere otra cosa: tiempo, entrega, rendición y un estado de excitación muy elevado.
Hablamos de al menos media hora de excitación sostenida y profunda.
No puedes tener un orgasmo de cérvix si estás enfadada, triste, resentida o con conflictos no resueltos revoloteando por dentro, aunque creas que “no es para tanto”.
El cérvix no se abre desde el enfado o la desconexión, sino desde la entrega.
El cérvix sabe lo que hace: puede moverse, latir, incluso “succionar” el glande de un pene, pero eso no se fuerza. No es un logro técnico, es una consecuencia de un estado interno. Es un movimiento de dentro hacia fuera, no al revés.
Cuando ocurre, el orgasmo puede sentirse expansivo, cósmico, trascendental.
Te abre a una energía sexual que no solo da placer, sino que eleva tu conciencia, te conecta con tu poder creativo y con tu capacidad de manifestar la vida que deseas.
Es importante que no te lleves este mensaje como una nueva exigencia del tipo: “ahora, además, tengo que tener orgasmos de cérvix”. No.
Si hoy tienes orgasmos de clítoris, están bien, son válidos y son valiosos. No son “menos”.
Lo que quiero es abrir una puerta a la curiosidad. Que puedas decirte: “quizá hay algo más a lo que también tengo acceso”.
Porque todas las mujeres lo tenemos.
El tantra, el tao y muchas tradiciones ancestrales conocen desde hace siglos el potencial orgásmico del cervix. Simplemente, esa información no ha llegado a nosotras de forma masiva.
Si algo de lo que has leído hoy te remueve, te genera dudas, escepticismo o incluso incomodidad, puedes simplemente dejarlo reposar.
No hace falta decidir nada ya. Déjalo ahí, como una semilla. Obsérvate un poco más.
Presta atención a tu vagina, a tus sensaciones, a tus emociones. Háblale. Escucha qué se mueve cuando piensas en placer interno, en tu cervix, en tu poder sexual.
Este viaje no va de perfección, va de regreso. De volver a ti. Y lo irás haciendo a tu ritmo, a tu manera

Soy terapeuta sexual psico-somática, coach y arte-terapeuta especializada en Sexualidad Femenina.
Acompaño a mujeres que quieren dejar de conformarse con relaciones que no las llenan para vivir una sexualidad más libre, auténtica y expansiva.
En un mundo donde el placer femenino ha sido reprimido, maltratado e ignorado desde hace siglos; se hace urgente re-evolucionar tu Sexualidad.
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