La sexualidad fue desde el inicio un lugar hostil. Conocí la apatía, la frustración y la incapacidad de llegar al orgasmo en pareja.
Una sexualidad mecánica, de performance y básica no me llenaba ni me hacía feliz. En mi interior sentía que había algo más, un placer más energético, más expansivo e incluso místico.
Tal vez, el gran trabajo fue reconocer esta verdad que siempre estuvo en mí y validar mi propia necesidad. Por eso sé lo necesario que es ir a la raíz, a tu infancia, para luego aprender a manejar tu energía femenina y vivir experiencias de placer expansivas.
Sino, empezamos la casa por el tejado: nos metemos en tantra y tao, sin sanar nuestra niña interior, que es el origen de todos nuestros bloqueos con el placer.