
Episodio 115: Brecha orgásmica: por qué cuesta más el orgasmo con pareja nueva
¿Te ha pasado que con tu pareja de siempre no tienes ningún problema para llegar al orgasmo, pero con alguien nuevo o en una relación casual simplemente no sucede?
No eres la única, y tiene una explicación. Vamos a hablar de por qué pasa esto. Sé que hay muchos matices y situaciones distintas, pero hoy nos vamos a centrar en lo que se conoce como brecha orgásmica.
Qué es la brecha orgásmica y qué dicen los datos
Empiezo con un dato que quiero que dejes reposar un segundo. En parejas estables, los hombres llegan al orgasmo el 86% de las veces y las mujeres el 62%. En encuentros casuales, los hombres llegan al 82% y las mujeres caen al 32%.
Repósalo un instante. En una primera vez, o con alguien que acabas de conocer esa misma noche, un hombre tiene casi el triple de probabilidades que tú de llegar al orgasmo. Y no, esto no es porque tu cuerpo funcione peor cuando hay menos confianza. Es justo al revés: tu cuerpo necesita confianza para funcionar bien.
Esta diferencia tiene nombre, se conoce como brecha orgásmica, y no es un fallo tuyo. Es el resultado predecible de cómo entendemos mal el sexo casual. Durante años nos han vendido que el placer femenino es complicado, misterioso, que es algo que te cuesta, y te hacen creer que tienes un defecto de fábrica, como si llegar al orgasmo fuera algo caprichoso que unas veces funciona y otras no, sin que se sepa muy bien por qué. La realidad es mucho más sencilla, y mucho menos misteriosa, de lo que parece.
Por qué es más fácil llegar al orgasmo con una pareja estable
que con alguien nuevo
El placer femenino necesita, sobre todo y primero de todo, seguridad. Necesita tiempo. Necesita no estar pendiente de si le vas a caer bien, de si tu cuerpo se ve como debería verse, de si vas a dar la talla. En una relación estable, aunque sea imperfecta, ya existe parte de ese terreno construido.
En un encuentro casual, casi nunca, aunque también es cierto que con alguien que acabas de conocer puede darse cierta conexión, sentirte en casa de forma natural, algo que tu mente racional no siempre entiende porque «si la acabo de conocer, ¿cómo puede ser?».
Hay personas con las que esa confianza aparece sola, y otras veces necesitas terreno para construirla, que muchas veces no es más tiempo, sino mejor calidad de ese tiempo: mejor comunicación, honestidad, entendimiento.
Y esto también aplica a parejas de toda la vida, porque a veces ahí tampoco hay total confianza, porque se acumulan rencores, historias que no acaban de verbalizarse ni de sanarse, y el cuerpo se va tensando y cerrando.
No es que tu cuerpo con alguien casual sea más torpe, que «con un desconocido mi cuerpo no funciona». Es que necesitas invertir tiempo de calidad, tú y la otra persona, para construir las condiciones que tu placer en concreto necesita. Y eso lo puedes hacer perfectamente con alguien a quien acabas de conocer.
No hay que verlo como un problema, es un síntoma de cómo entendemos el sexo casual: como algo rápido, orientado a un objetivo, al orgasmo, donde tu placer suele ser el último punto de la lista, si es que llega a estar en la lista.
A mí me costó mucho tiempo verlo. En un encuentro con alguien nuevo, sin esa confianza construida, cualquier mínima inseguridad pesa el doble. Si estás pensando en cómo se ve tu cuerpo, si atraviesas un momento en que no te sientes del todo bien con tu imagen física, si tienes más estrés, si te cuesta más llegar al orgasmo, es más fácil que se dispare la alerta de «qué va a pensar de mí».
Pones la atención en todo lo que no te encaja de ti misma, y no en la sensación corporal, y mucho menos en el placer. Y ahí es fácil caer en complacerle a él, en adaptarte a sus gustos, en todo lo que te aleja de tu propio placer.
La confianza no es un extra romántico: es un ingrediente físico del placer
La confianza no es un extra romántico. Es un ingrediente físico indispensable para cualquiera con quien compartas tu sexualidad, sea una noche, una hora, dos meses o toda la vida. Deja de pensar en ella como algo bonito que ayuda: la confianza es un ingrediente físico de tu placer, literal.
Si estás nerviosa, necesitas sentirte segura para poder soltar el control y entrar en la sensación corporal. Si estás en modo alerta, evaluando, complaciendo, pendiente de la mirada del otro, tu cuerpo no puede al mismo tiempo estar en modo receptivo y en modo alerta. Es incompatible.
Cómo sentirte segura en un encuentro sexual con alguien
que acabas de conocer
Si quieres reducir esta brecha orgásmica, si quieres aumentar tu probabilidad de tener orgasmos con alguien nuevo, tienes que estar dispuesta, primero de todo, a bajar el ritmo. A tratar ese encuentro con la misma atención con la que tratarías una relación estable de años, aunque ese encuentro solo dure una noche, una hora o dos semanas.
Yo soy de las que defiende que primero siempre es el match energético, y luego el contacto físico. Cuando se da ese match, los cuerpos hablan solos, la comunicación es natural y física, y no necesitas explicar qué te gusta y qué no, porque hay esa conexión. Si esto no se da, o mientras estás descubriendo cuándo se da y cuándo no, porque también es un proceso, te sugiero que empieces a verbalizar más despacio.
Comunicar lo que te gusta no es pedir demasiado
«Me gusta más de esta manera.» «Así, mejor no.» «Si haces esto, me gusta muchísimo más.» Al principio, si no sueles hacerlo, puede que te sientas incómoda, pero tu cuerpo lo va a agradecer, y cada vez te será más fácil.
Nunca, nunca estás pidiendo demasiado. Esto es importante: estás dando la única información que hace posible el placer compartido. Sin ella, la otra persona está improvisando a ciegas, o aplicando cosas que con otras personas le funcionan y contigo no. Cada cuerpo es un mundo.
Hace muchos años me pasé mucho tiempo callándome, callándome muchas cosas en el sexo, en parejas nuevas, en encuentros casuales e incluso en parejas estables. Por miedo a parecer exigente, complicada. Por miedo a romper el momento. Por miedo a que se notara demasiado lo que era importante para mí y sentirme juzgada.
Prefería quedarme con la sensación de que había faltado algo, de que era yo, antes que arriesgarme a decir en voz alta lo que necesitaba. Incluso a decir «mira, no sé lo que necesito, no sé lo que me gusta, ¿me ayudas a descubrirlo?».
Lo que cambia aquí no es encontrar a la persona perfecta que lo adivine todo. Esa persona no siempre existe, aunque hay hombres maravillosos que saben leer muy bien el cuerpo. La clave es empezar a hablar, a expresar tu verdad. Y eso primero lo tienes que hacer contigo misma, entendiendo qué te gusta de verdad, sin esa lista de lo que debería gustarte.
Yendo al detalle: que me gusta que me toquen de esta manera, que cuando me siento emocionalmente así disfruto más de tal cosa, que necesito cierta conversación antes de entrar en el contacto físico.
Si esperas a que la otra persona sepa por arte de magia cómo encenderte, cómo hacerte gozar, le estás poniendo una responsabilidad enorme que en realidad es tuya: la de conocerte primero.
Qué hacer si tu pareja no aprende lo que necesitas
(responsabilidad compartida)
Esto no significa que el otro no tenga que hacer nada. Hay una responsabilidad compartida. Por un lado, tú necesitas conocerte y comunicarte. Por otro, la persona que está contigo necesita aprender a escucharte y a aplicarlo de la mejor manera posible.
Si estás con alguien que, después de explicarle lo que necesitas, decide no aprender porque le da pereza, porque le incomoda, porque prefiere que fluya solo, no es un problema de compatibilidad. Es egoísmo. Y hay que darle su espacio, en el sentido de no quedarte demasiado tiempo ahí, porque eso no nos hace bien.
Como mujeres tenemos la tendencia a pensar que todo es responsabilidad nuestra, incluso cuando el otro es egoísta: a ver qué podemos hacer para que cambie, cómo decírselo para que no se ofenda, o directamente tocarle a él de la manera en que a ti te gustaría que te tocaran, a ver si así aprende. Y eso nunca pasa.
Ahí hay un aprendizaje de vida importante: no quedarte demasiado tiempo con alguien egoísta. Ser torpe y querer aprender es maravilloso. No querer aprender es egoísmo, y eso no nos hace bien.
El primer paso es conocerte a ti misma: autoexploración antes de
compartir tu placer
Hay una parte que depende exclusivamente de nosotras. Si tú misma no sabes qué te gusta, te cuesta verbalizarlo, expresarlo, crear la situación sexual que es mejor para ti, sobre todo en un encuentro casual. Qué necesito para sentirme segura, receptiva, y poder entregarme al placer.
Si no lo sabes, o no tienes las habilidades para sentirte segura tomando ciertas iniciativas, el primer paso siempre es hacia ti: ir hacia adentro, explorar a nivel corporal, emocional y de creencias, para transformar aquello que te aleja de disfrutar del placer junto a otra persona, sobre todo cuando es alguien nuevo.
Ese conocimiento es el que luego le vas a compartir al otro. A veces en palabras, otras veces es algo que transmite tu cuerpo y tu energía, y el otro lo percibe a otro nivel. El sexo casual con alguien nuevo no está condenado a esta brecha orgásmica para siempre.
Ejercicio práctico para reducir la brecha orgásmica
en tu próximo encuentro
Te propongo un ejercicio muy concreto. Elige una cosa, solo una, algo pequeño y sencillo que sabes que te gusta o que quieres probar. Identifícala primero contigo misma, en tu próxima sesión de autoplacer: cuando te estés masturbando, encuentra esa única cosa que te encanta, y ponle nombre.
Nómbralo, dilo en voz alta, y en tu próximo encuentro sexual, ya sea con alguien a quien acabas de conocer o con tu pareja, puedes nombrarlo ahí también. Solo una frase.
Si la persona que tienes delante sabe escuchar, ajusta y te pregunta más, ya sabes que es alguien con quien vale la pena construir confianza. Si la respuesta es indiferencia o incomodidad, eso también te está dando información, aunque no sea la que querías oír.
Y si quieres profundizar en esto, el próximo 29 de septiembre doy una clase en directo y gratuita donde te enseño cómo se construye esa seguridad en el cuerpo, para que puedas disfrutar de orgasmos profundos incluso con alguien a quien acabas de conocer, o con tu pareja de siempre a la que quizá le falta un poco de chispa.
Es una clase muy práctica y somática, con distintos ejercicios guiados para ir, poco a poco, hacia orgasmos más profundos. Tienes el enlace para asegurar tu plaza gratis un poco más abajo.
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