Episodio 120: ¿Cuáles son las mejores posturas para el orgasmo de cérvix?

¿Te ha pasado que buscas «la postura perfecta» para algo y nunca das con ella? Con el orgasmo de cérvix me pasa muchísimo: es de las preguntas que más me hacéis. ¿Cómo llego al orgasmo de cérvix? ¿Qué postura me va mejor?

El orgasmo de cérvix es una experiencia muy profunda, muy mágica, y es el más incomprendido de todos: muchas veces hasta se niega que exista. Hoy quiero hablarte de anatomía genital femenina como nunca antes te la han explicado, de la neurociencia que hay detrás de tu vagina, y de por qué la postura perfecta para el orgasmo de cérvix en realidad no existe, aunque sí existen las que tienen más sentido para ti. Si quieres entender primero por qué el cérvix tiene capacidad orgásmica y en qué se diferencia del clítoris, te dejo por aquí Clitoriana o vaginal: el mito que te han hecho creer sobre tu orgasmo. Ahora vamos con la parte práctica.

El cérvix no es fijo: cómo cambia con la excitación

Empecemos por lo básico. El cérvix es el cuello del útero, esa estructura con forma de rosquilla pequeña que está al final del canal vaginal. Es la puerta que conecta la vagina con el útero.

Y aquí está lo primero que casi nadie te cuenta: el cérvix no se queda quieto, se mueve, se acerca, se aleja. Cuando te excitas, el útero se eleva y el cérvix se retira hacia arriba, se aleja del fondo de la vagina, literalmente hace sitio. Cuando no hay excitación suficiente, se queda más bajo, más cerca, más expuesto.

Por eso tocar el cérvix sin preparación puede doler. Y tocarlo con el cuerpo ya abierto y blandito puede ser una de las sensaciones más profundas que existen.

 

Qué dice la ciencia: el nervio vago y los estudios del doctor Barry Komisaruk

Hay un neurocientífico, el doctor Barry Komisaruk, de la Universidad de Rutgers, que lleva décadas investigando el cérvix. Con resonancias magnéticas descubrió que el cérvix activa tres regiones muy concretas del cerebro que nada tienen que ver con las que activa el clítoris.

Hizo escáneres cerebrales a varias mujeres mientras les pedía que estimularan el glande del clítoris, luego la zona G, y luego el cérvix, hasta llegar al orgasmo. Y vio que el cérvix activaba zonas del cerebro que el clítoris no activaba. No se trata de que uno sea mejor que otro: el clítoris está bien, el orgasmo a través del clítoris está bien. Pero hay mucho más mundo disponible, orgasmos mucho más profundos y expansivos, si conoces tu cuerpo y abres espacio a ese placer.

Y aquí viene lo más fascinante: Komisaruk encontró que mujeres con lesión medular completa, sin conexión nerviosa entre el útero y la médula espinal, seguían sintiendo la estimulación vaginal y cervical, e incluso llegaban al orgasmo. ¿Cómo? Porque existe una vía distinta: el nervio vago, un camino directo entre el cérvix y el cerebro que no pasa por la médula espinal. Así que cuando sientes que el orgasmo de cérvix es diferente, más profundo, más místico, de cuerpo entero, no te lo estás imaginando: es un cableado distinto.

Los 4 niveles de preparación antes de buscar el orgasmo de cérvix

La parte que casi nunca se cuenta, junto a la ciencia, es la preparación. Bárbara Carrellas, educadora sexual y autora de «Urban Tantra» (te lo recomiendo muchísimo), lleva años enseñando que el placer profundo y expansivo no se activa solo con contacto físico. Antes del contacto físico, siempre va la energía.

Si te cuesta percibir la energía, vamos a algo más tangible: para acceder a estos estados de placer más elevados necesitas una buena respiración, movimiento, sonido, una garganta que se exprese, e intención. Necesitas estar preparada a varios niveles a la vez.

Preparación física: el tiempo que tú necesites, que es subjetivo, para acceder a niveles altos de excitación. No ir directo al cérvix esperando que suceda la magia, eso no funciona.

Preparación emocional: sentirte segura con quien estás, aunque la acabes de conocer, sentirte en apertura, en conexión. Si esto te resuena, tengo un artículo entero sobre por qué cuesta más el orgasmo con alguien nuevo: Brecha orgásmica: por qué cuesta más el orgasmo con pareja nueva.

Preparación mental: sin la cabeza pensando en tareas pendientes, en la lista de la compra, en si deberías sentir tal cosa, ni vigilando cómo te ves o si el otro está disfrutando.

Preparación energética: permitir que la excitación suba en oleadas, en vez de forzarla hacia un final rápido y localizado, o retenerla en la zona genital, aunque lo hagas sin darte cuenta.

Sin estos cuatro niveles, el cérvix queda expuesto, muchas veces tenso y no disponible para el placer, ya sea porque te causa molestia, porque no está preparado o porque simplemente no sientes nada. El cérvix se queda esperando a que tú regreses a él, a que vuelvas a conectar con tu vagina, con tu cérvix, con tu placer.

Por qué no existe una postura mágica (y de qué depende realmente)

Si nos enfocamos ahora en las posturas que favorecen su estimulación, hay que matizar algo importante: no hay una postura mágica y universal para estimular el cérvix. Depende de tu profundidad vaginal, de cómo está tu cérvix ese día, y también del largo del pene de quien te penetra o del dildo que uses. Ese triángulo es distinto en cada cuerpo y en cada encuentro sexual.

Dicho esto, sí hay algunas posturas que ayudan más que otras. Vamos a verlas.

Postura a cuatro patas (perrito): cuándo te ayuda y cómo hacerla bien

Si tienes un canal vaginal profundo y tu cérvix está profundo, la postura a cuatro o de perrito suele funcionar muy bien, porque el ángulo permite llegar más adentro y estimular el cérvix, y además te da a ti cierto control de cuánto te acercas o te alejas moviendo las caderas. Es cierto que la otra persona va a dominar más el movimiento, pero tú también tienes capacidad de moverte.

Un matiz importante: en esta postura, no estés con los brazos tensos, estirados contra la cama, porque así no acabas de relajarte. Es mejor que apoyes el torso en la cama, apoyes también la cabeza, y relajes los brazos. Ahí el ángulo cambia y tú puedes entrar en relajación, en entrega.

Si tienes un canal vaginal profundo, esta postura te facilita la estimulación del cérvix. En cambio, si tienes una vagina poco profunda, esta postura puede generarte mucha molestia.

Las posturas donde tú controlas la profundidad

Hay posturas que te dan más dominación sobre el movimiento, la penetración y la profundidad, y otras en las que estás más vendida, por decirlo de alguna manera, sin tanto control sobre el tipo de penetración ni la intensidad.

Si prefieres tener tú el mando total sobre la profundidad y el ángulo, prueba estar arriba, sentada o reclinada hacia adelante. También puedes colocarte arriba pero al revés, mirando los pies de tu compañero en lugar de su cara. Ahí decides tú cuánto entra, cuánta profundidad hay, a qué ritmo, y puedes parar en el segundo exacto en que algo se sienta demasiado intenso. Paras, observas cómo de receptivo está tu cérvix, bajas el ritmo, respiras, relajas, y vas explorando el tipo de estimulación que te resulta más agradable y más segura.

Postura de cuchara: cuando buscas conexión antes que intensidad

Si tu cérvix está especialmente sensible, o simplemente buscas más cercanía que intensidad, la postura de cuchara, de lado, abrazados, da mucha menos profundidad pero mucha más conexión. Y a veces eso es exactamente lo que el cuerpo necesita para abrirse a más placer de verdad.

Así que si me preguntas cuál es la postura para el orgasmo de cérvix, mi respuesta real es: la que respeta tu cuerpo ese día, con suficiente tiempo de excitación antes, y con la persona con la que te sientes segura para decir «más despacio» o «así no». La técnica de penetración, sin esa preparación previa, no llega a ninguna parte. Para que una postura estimule divinamente el cérvix, necesitas estar en total entrega y apertura, con la mente en silencio, presente en tu cuerpo, sintiendo que está blandito, que tu vagina está esponjosa, excitada, y que cada vez se abre más.

Qué hacer si tienes la vagina poco profunda y tu pareja un pene largo

Esto es importante: si tu vagina es poco profunda y el pene (o el dildo) es largo, pídele a tu pareja que se agarre la base y controle la profundidad de la penetración, para que no sientas molestia o dolor en el cérvix. Muchas veces ni siquiera sabes que ese dolor viene del cérvix, piensas «será que me duele el ovario, el intestino». A mí me pasaba de joven, cuando no sabía que tenía un cérvix, ni que podía sentir placer ahí.

No hay que sostener el dolor. Muchas veces nos callamos por vergüenza, por miedo a qué va a pensar el otro o a «cortar el rollo». Hay que conocerte, saber qué te da placer y qué no, y lo que no te da placer, cambiarlo. En cualquier postura (misionero, tú arriba, la que sea), si sientes molestia al fondo, pide que controlen la profundidad.

El ejercicio: dale el doble de tiempo a la excitación

Para terminar, quiero dejarte una recomendación sencilla pero poderosa: la próxima vez que tengas sexo, antes de ir al cérvix, date el doble del tiempo que sueles darte para la excitación. Nota cómo cambia tu cuerpo, nota si esa sensación en el fondo de tu vagina se siente distinta cuando le has dedicado más tiempo. En realidad no es esperar, es dedicarle más presencia, más escucha, más amor.

No existe una postura mágica para el orgasmo de cérvix, existe tu cuerpo, ese día, con el tiempo y la seguridad que necesita. Si notas que llevas tiempo sin darle a tu sexualidad lo que realmente necesita, ese es el primer paso: empezar a dedicarle presencia.

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